sábado, 28 de mayo de 2016

Vuelos.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo su pelo dorado ondeando al viento, sus tirabuzones rubios que me hacían girar en una espiral mortal, como si fuera a perder la vida en la montaña rusa que era su cuerpo.
Se me acercó, su frialdad secó cualquier amago de esperanza que se deslizaba por mi venas.
Se parecía a la luna, por eso de su piel marmolea, y de que estaba tan sola, tan jodidamente sola, que tenía la necesidad de esconderse siempre bajo la misma cara. Pero era yo su satélite, dando vueltas sin calma, como si existencia fuera el origen de la mía, como si su sonrisa fuese el porqué de mi risa.
Era ese tipo de persona con la que no nunca os gustaría terminar la historia.
Las pecas que adornaban su cara, tan claras, eran como las estrellas muertas de mi Universo sin ella, eran como los puntos suspendidos de un sentimiento que nunca acaba.
Cuando se alteraba, cerraba los ojos, respiraba profundo y se repetía que no había que perder la compostura, que ella era dura. Dura como la piedra con la que tropiezas día y noche, hasta terminar haciéndote adicta a la locura de su movimiento de cadera, a su hermosa cabellera, a su forma de caminar como si a su paso brotaran rosas negras.
Si la conocierais, os juro que os enamoraríais de ella.
También os aseguro que moriríais por emigrar desde su pecho, hasta el locus amoenus que se escondía entre las palmas de sus manos.
Porque ella era capaz de hacer magia, de crear los destruido solo moviendo un dedo.
Que sí, que es cierto, que es el tipo de chica que termina doliendo en el lado izquierdo, que te hará llorar, pero con su risa multiplicará las sonrisas por los 30 días que tiene Abril, te hará reír, te hará querer mucho más de lo que es capaz de demostrar.
Un día dirá que ha llegado la hora, que desea echar a volar, y te dejará. Te limpiará el camino de obstáculos porque te darás cuenta de que el origen todos tus problemas estaba dibujado bajo su piel.
Pero te joderás, porque también te percatarás de lo importante que era ella para tu estabilidad personal.
En el momento en el que decida emprender el vuelo, no habrá marcha atrás. Porque sí, porque es pájaro solitario que solo se posa en tu costado para arrancarte el corazón por el lado.
Entonces solo te quedará imitarla, cerrar los ojos, recobrar la calma, mantener la distancia.
Aprender a vivir sin el motor que impulsa tus días, hasta que seas capaz de volver a la vida.

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