sábado, 28 de mayo de 2016

Ella.

Hoy os vengo a hablar de Ella.
Ella es la chica diez con la que os gustaría pasar cada día de vuestra vida, tiene le pelo negro, cayendo en forma de cascada por su espalda desnuda.
Su piel, joder, su piel parece luz de luna.
Sus ojos son del color del infinito, y digo esto porque no sabría describir cómo es ese mar de dudas en el me pierdo cada vez que la miro.
Ojos infinitos como la chica del poema de Neruda.
Soñando que sueña despierta con las golondrinas de Bécquer.
Habitando donde habite el olvido como dijo Cernuda.
La chica que pasa entre el siempre y el jamás de las letras de Benedetti.
Fluyendo, atrincherándose conmigo y la música de Sabina. Luchando en la guerra más bonita del mundo,
Siendo puta, pero puta la distancia que nos separa.
Es de ese tipo de persona que tira una piedra de madrugada a tu ventana para salvarte de la noche, ella es la loba que rompe la quietud de las sombras, que aparta los fantasmas de este baile de máscaras.
Es como el verso perfecto al que nunca le sigue el punto y final, porque no podrás olvidarla ni dejarla atrás.
Su segundo nombre es Perdición porque la locura se concentra en el movimiento de caderas, cuando la vez caminando por el camino de la esperanza, dando pasos suaves, como pisando una nube, como si fuera el ángel que no arde en el infierno.
Ella es la ausencia que se nota, la chica que esta sola de Jaime Sabines, la que echarás en falta.
Ella es el arma homicida al que Vicente le dedica su "ven, siempre ven", con la que te encantaría terminar el poema diciendo "se querían, sabedlo."
Y yo, que no entiendo de versos, de métricas exactas, de encabalgamientos entre sus pestañas, que no conozco el símil entre sus labios y el clavel de sangre en primavera, que no he probado la metáfora de su sonrisa, que no entiendo la hipérbole de su soledad, ni el epíteto de su belleza.
Yo no sabría ni siquiera hablaros del romance que crean mis dedos sobre su cuello, perdiéndome en el segundo cuarteto de cuerda rozando sus costillas.
No, yo no puedo contaros nada acerca de la rima asonante de su risa, del acento en forma de corazón sobre la quinta letra de su nombre, solo sé que ella está como yo: en ruinas.
Que es capaz de salvar y de condenar, de matar y resucitar, de amar y de odiar, de proteger y de lanzarte a una jauría de perros, de abrazar y de romperte todos y cada uno de los huesos con una de sus miradas, tan letales como pérfido veneno de serpiente.
Ella es, simplemente, el aliento que te falta, el último soplo de un corazón cosido, la última luz del día.
Si te digo que se llama Poesía, tal vez me entenderías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario