Yo nunca quise esto. No quise que te sacrificaras por mí, que me dedicaras todo tu tiempo.
No quise que soñaras conmigo dormido y despierto. No quise convertirme en tu tormento.
No quiero que finjas, quiero que me quieras sin cómo, sin cuándo, sin cuánto, sin porqué... sobre todo sin porqué.
Quiéreme porque me quieres querer, porque quieres quererme querer.
Quiéreme porque no quieres dejar de quererme.
Quiéreme como se quiere lo que no se sabe si se está perdiendo o ya se ha perdido.
Quiéreme siempre así: fiel, real, cercano, efímero, constante, espontáneo, rutinario...
Quiéreme como se quiere cuando no se abandona pero no se tiene.
Hazlo como si mañana fuese hoy y como si el ayer siguiera en nuestros días.
Hazlo como si no quisieras irte, como si la huida no te llamara cada noche.
Quiéreme como lo hiciste la primera vez, y la segunda, y la tercera.
Quiéreme como dejaste de hacerlo la cuarta, la quinta, y la sexta.
Vuelve a quererme una séptima, que es la última vida que me queda y quiero pasarla queriéndote mientras me quieres, y te quiero, y nos queremos. Y así lo hacemos, queriendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario