lunes, 30 de mayo de 2016

Escupe.

Me he clavado plumas entre las costillas en un intento de sacarle alas a un corazón anclado al pecho, como si la solución estuviera en aprender a alzar el vuelo.
Tengo los pies sobre la tierra porque siempre me dijeron que cuanto más alto sobrevolase el mundo, más fuerte sería la caída. Y lo comprobé cuando salté desde el precipicio de tu clavícula, dándome de bruces contra una realidad que no eras tú.
He aprendido que hay puertas que no deben volver a abrirse nunca, porque eso solo significa dar media vuelta, y los caminos de ida también se olvidan.
El reloj ha hecho tic.
Y no le acompaña el tac.
Como una sístole,
sin su diástole.
Me estoy dejando los pulmones gritándole que no regrese, que tengo los puños bañados en sangre de tanto apretarlos por la rabia de volver a verle sin quererlo, de verle sin querer volver.
Me digo a mí misma:
Escupe.
Escupe toda la quimera que llevas dentro.
Danza con fuego.
Conviértete en la bestia que late en tu interior.
Abandona.
Abandona todo lo que está de más, que no lo echarás de menos.

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