A veces me gustaría
dar media vuelta
sobre el eje central
de mi cuerpo.
Sellarme la boca
para no dar más besos,
para no recitar versos
de los que me arrepienta.
A veces me gustaría
retroceder sobre mis pasos,
subirme al escenario
e interpretar otro papel,
distinto al que me ha tocado.
A veces me gustaría
ser más realista
y no culpar al azar
de lo que ocurrió
por mi estúpida manía
de no saber cuándo parar.
A veces me gustaría
desprenderme del vacío
que todavía cohabita
con la cara más oculta
de un alma que no quiere hablar.
A veces me gustaría
que el cielo no me recordara
que me muero entre tanta llama.
A veces me gustaría
saberme menos de lo que me sé,
para que así la ignorancia
supiese a miel y no fuera hiel
lo que me inunda.
A veces me gustaría
aprender a escribir poesía
para saber ponerle nombre
a este puñado de errores
que intentan hacer rima.
A poesía me sonaban
los trozos de nuestras almas
cuando, pese a que lo intentaban,
no encajaban.
A poesía me sonaban
nuestros dos corazones,
casi muertos de rabia,
porque por más que latiesen,
no avanzaban,
no se aproximaban.
A poesía me sonaban
los kilómetros que nos separaban
porque cada día que pasaba
más mi cuaderno se llenaba
y mi pecho se vaciaba.
A poesía me sabían
las letras que te nombraban
y a veces me gustaría
no haber pronunciado nada
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