sábado, 28 de mayo de 2016

Pequeño homenaje a Luis Cernuda.


"Allá, allá lejos; 
donde habite el olvido." Voy.
Vengo.
Busco.
Veo. 
Y te recuerdo. 
Es una historia que se repite cuando llega agosto clavando su ala de acero en mi pecho. 
Me pierdo. 
Por supuesto que me pierdo. 
Porque eso es lo que queda cuando sé que no te tengo pese a que nunca he querido que te cobijaras entre mis dedos. 
A suertes, a suertes me jugué todo esto de quererte. Las nubes formaron las letras de tu nombre y no hice más que perderme en el laberinto de tu pelo, a lo lejos. 
Porque tú fuiste el poeta muerto que dejó marcas de tinta en mi vida. 
Y, ¿qué es mi vida, si no eres tú?
Naufragamos mientras recorríamos las líneas de nuestras manos en aquel mar que traga adolescentes rebeldes, olvidando los límites impuestos con el paso del tiempo. 
Porque yo, en mi fe incierta de buscar la forma que tenía el amor me topé contigo mientras sonaba aquella que hicimos nuestra canción. Me estaba consumiendo con cada golpe de pedal y reviviendo en cada acorde de guitarra hasta que sonó aquella voz tan rota para hacerme abrir los ojos y recordar que el cielo está allá, allá a lo lejos. 
Me detuve en la milésima de segundo en el que decides no volver a detenerte, porque volver no piensas. 
Y sí, hoy es el día idóneo para pensar en ti. Por eso pienso. Porque lo siento.
Y es que, que ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se alejan aun cuando se aman. 
Porque te quiero, porque me recuerdas a lo que fui, a la ruina que hoy soy, porque tienes los mismos ojos que la palabra Soledad en una noche de Luna Nueva. 
Porque te quiero, porque te lo dije en verano, otoño, invierno y primavera. 
Y porque sólo te lo digo antes de decir adiós. 
Porque allá, allá lejos, donde habite el olvido, allí estaré contigo.

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