Casi siempre, cuando dan las 4 de la mañana y aún no he conseguido conciliar el sueño, me acuerdo de su pelo. Y sueño que lo vuelvo a acariciar durante mil noches más.
A veces, le doy la espalda a la vida y la muy zorra me da una puñalada trapera que no duele pero desespera y me recuerda todo lo que pudo haber sido y por mi culpa no fue.
A veces me arrimo las velas a las costillas, para intentar derretir un pecho que no late y conseguir navegar lejos de todo este desastre.
Cuando recuerdo el movimiento de sus labios mientras me llamaba "chica huracán", se me abren los brazos a modo de alas y quiero ir a buscarle. Intento tentar a la suerte, pero siempre me dice que él no quiere verme.
Su voz estalla en mi mente, me llama ruina y yo me reconstruyo.
Me hago eterna durante un segundo.
El tiempo es infinito pero mi vida es un suspiro. Y, aunque lo niegue, sigo esperando una perdida que venga con un mensaje que diga "nos vemos donde siempre, valiente." Echo el ancla a la frase "el olvido es para los cobardes que no conocen el placer de un recuerdo."
Entonces me libero, alzo el vuelo y me voy lejos.
Mi salvavidas en el mar de dudas siempre fue un barco de papel y una pluma.
domingo, 18 de septiembre de 2016
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