A veces busco la manera de poder contarle a alguien qué eras, por eso escribo, aunque no encuentre nunca las palabras ni las pruebas suficientes para conseguir explicarte y descifrarte..
Sólo me queda un poco de restos de tu saliva en mis heridas y un puñado de ruinas.
Eras el chico que se refugiaba detrás de unas gafas de sol, viendo la vida pasar, entre sorbos cortos de cerveza.
Eras el chico que bailaba al compás de un continuo tic tac porque decías que el tiempo era tu moneda de cambio y que no corrían buenos tiempos para malgastarlo.
puedo contar con los dedos de las manos las veces que te tuve entre ellas y, sin aún así, me diste motivos suficientes para sonreír durante 4 vidas más, que son las que me quedan desde que no estás.
Tenías la cara coloreadas de pecas y por eso yo acostumbraba a llamarte obra de arte. Porque la poesía se escondía en todos los puntos y seguidos de tu espalda, que parecía un campo de batalla.
Yo no podía dejar de leerte en braille y recitarte, porque siempre he dicho que la belleza está para ser compartida.
Tenías una puerta de emergencia entre los labios y por eso yo siempre acudía a ti en caso de desastre, como niña perdida, para que me cosieras las heridas con tus dientes, me besaras el vientre y me aseguraras estar viva, aunque fuera "una noche más."
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