Hemos sepultado cientos de veces un ¨quédate" que duele detrás de unos labios que solo quieren morir en otra boca.
Lo hemos hecho porque tenemos un miedo atroz a que nos digan "no" pese a que si no lo pedimos la respuesta sigue siendo la misma, pero tenemos la estúpida manía de preferir quedarnos con la duda, ahogarnos con ese "que hubiera pasado si..." que nos atraviesa la garganta de lado a lado.
Nos hemos atado las manos con cuerdas hechas de palabras silenciadas, cuando lo que queríamos era darle marcha atrás a esas manecillas que cada vez parecen tener más prisa.
Hemos armado mil soldados para luchar en la batalla que se libra en nuestro pecho cada vez que Cupido llama a la puerta, le hemos querido poner etiquetas a cada sentimiento, hemos sonreído al pasar las páginas del calendario...
Pero no somos capaces de decir "por favor, quédate."
No somos capaces de mostrar esa pequeña querencia, catalogada de debilidad.
No somos capaces, así que preferimos renunciar a la felicidad de esos "5 minutos más" que parecen nunca querer acabar.
Ahora, yo debería rectificar, y decir "vuelve" porque es demasiado tarde para pedir que te quedes, para pedirte que estés a mi lado un rato más... toda la vida, quizá.
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