La noche es el refugio para los oscuros corazones que ya no saben hacia dónde marchar.
Me escondo tras el filo de una espada manchada de sangre y escalo por los cadáveres de aquellos recuerdos que pudieron no serlo pero siempre lo serán.
No se callan las sirenas de amenaza conocida y a mí se me va la vida en cada suspiro que doy cuando te veo pasar.
Aquí no hay quien duerma y sueño que tu cadera me vuelve a pedir la guerra que ya no te puedo dar. Permanezco en la trinchera tan solitaria que ahora es mi cama y me da por pensar.
Conseguiste sincronía entre tu respiración y la mía y ahora siempre sé dónde estás.
Ahora no existe la opción de cruzar esa puerta y no mirar atrás porque sé que siempre esperaré, por si nos volvemos a ver.
Me volverás a encontrar leyendo en el mismo banco de siempre y entonces te vería y subiría cuantas escaleras fueran necesarias para llegar al cielo de tu boca, e inclinarme en las aristas de las ventanas de tus ojos.
Volverías a ser mi monumento, mi edificio favorito del que dejarme caer. Volvería a pasar allí el invierno, a ver cualquier atardecer.
Me dejaría la piel viendo una y otra vez el pestañeo de tus labios, evocando un saludo capaz de deshacer todos mis nudos.
Sé que entonces volvería a sentirme libre, que no tendría ningún dolor ni carga azotando mi pecho.
Que cortarías mis cadenas, que podría volver a alzar el vuelo.
Que me querrías libre y sería pájaro.
Sé que sólo bastaría un leve soplo de tu aliento para dejarme llevar por el canto de una brisa que no sabe a despedida. Sé que con eso bastaría.
Pero, por favor, no vuelvas.
No vuelvas porque si te vas tendré que volver a construir una montaña sin vida con lo que pudo ser y no fue.
Y te juro que no has vuelto, pero que ya sé que no estoy preparada para perderte otra vez.
Mi salvavidas en el mar de dudas siempre fue un barco de papel y una pluma.
sábado, 9 de julio de 2016
La noche...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario